Sexo sucio

“Me gusta el sexo sucio, imprevisto, por sorpresa. Que me follen sin avisar en cualquier momento, en cualquier lugar” me dijiste. Yo te creí y en la cena de la empresa te seguí al lavabo del restaurante hasta tropezar con la puerta en mis narices.

Cuando a los postres deslicé mi mano bajo la mesa buscándote los muslos e intentando llegar a tu coño, recibí el arañazo de tus uñas de porcelana y el taladro de tu mirada.

“Me gusta el sexo sucio, imprevisto, por sorpresa. Que me follen sin avisar en cualquier momento, en cualquier lugar” me dijiste.

Yo lo escuché sin darme cuenta de que no me mirabas cuando lo decías.

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